jueves, 27 de noviembre de 2008

La escuela como ente transformador y socializador de su entorno

Tal como lo plantea la ley general de educación en su artículo 14 del decreto 1860, todo establecimiento educativo debe elaborar y poner en práctica con la participación de la comunidad los objetivos y metas a alcanzar teniendo en cuenta las condiciones sociales, económicas y culturales de su entorno y proyectando a la comunidad sus alcances, pues la escuela cumple una función social en la que no solo se trabaja para educar a los estudiantes si no también para incidir en el desarrollo de las familias inmersas y de la comunidad en donde se encuentre enclavada propiciando medios interesantes y atractivos que enfaticen el trabajo colectivo y los cambios sociales requeridos.

En las directrices aprobadas y trazadas en las Cumbres de los países iberoamericanos y en las declaraciones de la UNESCO, se enfatiza en destacar los nuevos roles de la escuela y cómo ésta debe ampliar sus vínculos con la comunidad, la necesidad de que los estudiantes se formen como ciudadanos más plenos, que estén preparados para el diálogo y que se desarrollen en ellos valores propios de una comunidad democrática, equitativa y justa, razón por la cual debe estar encaminada a la solución de todos los problemas sociales que retrasan el desarrollo de los pueblos y atentan contar el bienestar y la calidad de vida de las personas, planteando y proponiendo soluciones reales y factibles que subsanen las cientos de necesidades básicas insatisfechas y disminuyan en su totalidad los entornos de pobrezas económica y mental. Tal como lo plantea Abello Llanos “la pobreza no solo limita a los individuos en la satisfacción de las necesidades básicas; la pobreza, con sus características particulares es asimilada por los que conviven con ella y los mueve a actuar de una forma o de otra, además contribuye a que esta no sea solo material si no en el deseo de moverse por si solo en busca de oportunidades”[1]. Es decir existen no solo las limitaciones socioeconómicas si no también limitaciones mentales en las ganas de sobresalir y de buscar mejores ámbitos y entornos de bienestar fuera de sus fronteras barriales.

Al analizar las necesidades básicas nos referimos a Maslow, quien plantea en su teoría que estas necesidades están estructuradas en una pirámide de tal forma que ha de satisfacerse primero las de la base; satisfechas estas surgen otras y así sucesivamente hasta llegar a la necesidad de realización personal o autorrealización. En primer lugar se encuentran las necesidades fisiológicas, que son las mas poderosas, primaria y evidente puesto que sostiene la supervivencia fisica como los alimentos, líquidos, sueño, techo, oxigeno y sexualidad. Luego se encuentra la necesidad de seguridad, pues toda persona requiere asegurarse de que todas sus necesidades fisiológicas van a ser satisfechas, no basta con comer y dormir si no saber que estas necesidades nuevamente van a ser satisfechas. Luego se encuentra en este orden la necesidad de amor y afecto, estas no pueden surgir si no son satisfechas las primeras. Maslow plantea que el amor como la necesidad de sentirse aceptado y comprendido por alguien y poseer el mismo sentimiento hacia otra persona. Después esta la necesidad de estimación, propia, es decir tener confianza en si mismo e independencia en la labor que desempeña, y ajena es decir la necesidad de aprecio, de reconocimiento de statu. Y en el ultimo lugar esta la necesidad de auto- realización. Es de lógico entender que al no tener aseguradas las necesidades básicas mas primitivas se pueda pensar en intentar visionar mas allá buscando aceptación, liderazgo, estimación en un entorno donde las necesidades básicas insatisfechas son el común denominador, pero también puede suponerse que esta limitaciones podrían generar intentos de cambio y ambición por ser cada día mejor y poco a poco mejorar la calida de vida.

Por otra parte el bajo nivel de escolaridad de los padres de los jóvenes habitantes del sector es un factor que de considera importante debido a que influye en un alto porcentaje en la concepción que los jóvenes y habitantes en general tengan de comunidad y por ende de su participación en ella. El sistema educativo comprende niveles progresivos desde la educación preescolar hasta la educación superior donde la formación es integral como persona útil y culta a la sociedad y capaz de influir individual y colectivamente en las decisiones de su futuro y de su entorno devolviendo a la comunidad los conocimientos adquiridos mediante acción social entendida como el canal para desarrollar en las persona y en la comunidad un espíritu de emprendedor para generar un cambio social, para responder a la búsqueda de la superación de la pobreza que favorecen los procesos de desarrollo social y la formación del tejido social. La formación desde la escuela de líderes garantiza el desarrollo en las personas de aptitudes y actitudes que generen en ella el reconocimiento grupal, formando jóvenes como sujetos sociales y políticos que fomenten el desarrollo de las condiciones individuales y reconociendo este aspecto como el punto de partida para el proceso de transformación social, permitiendo el desarrollo de compromisos frente a su entorno y frente a su comunidad. De igual manera generar en los jóvenes su fortalecimiento social y ciudadano que consolide la integración social con miras a la creación de redes sociales en busca del beneficio público.

Lic. Demetrio Ferrer Peralta

[1] ABELLO LLANOS, Raimundo. Infancia y conocimiento social. Bogota: Uninorte, 2001.P.8